Va a convertirse en uno de los nombres propios del verano. A sus 19 años, el bueno de
Mario Balotelli ya ha dado mucho que hablar y señala una trayectoria llena de calidad y esperanza en su potencial para le futuro, pero además trabada por un carácter muy especial. Anécdotas no faltan para ilustrar su peculiar personalidad: sus más y sus menos con Samuel Eto’o para ver quién debía lanzar un penalti, su actitud pasiva en un momento importantísimo ante el Barcelona en el Giuseppe Meazza, su desprecio a la camiseta del Inter poco después de aparecer en televisión enfundado en la zamarra de su sempriterno rival rossonero...
Su historia, como nos pasa a todos nuestras historias, forjan en parte su personalidad. Nacido en Palermo, sus padres de origen ghanés lo abandonaron poco después en un hospital. Desde allí fue adoptado por una familia de una población cercana a Brescia, donde desarrolló su afición al fútbol jugando en el campo de juego de la iglesia local. Como tantos y tantos niños italianos. De niño, realizó las pruebas para jugar en el FC Barcelona, pero los técnicos desestimaron su inclusión.
No es tan frecuente topar con un futbolista negro con perfecto acento y nombre italiano. Esto le ha reportado algún problema en un ambiente futbolístico y social donde, por desgracia, hay menos vergüenza a la ostentación racista como arma de desestabilización deportiva. En algún campo le han lanzado plátanos, los cánticos racistas contra él son frecuentes.