Ayer dio por finalizado el show de la despedida de
Diego Armando Maradona como seleccionador de Argentina. Un show, como digo, mucho más largo y traumático de lo que debía haber sido. Maradona falló su examen más importante en la
Copa del Mundo y eso debía ser argumento suficiente para el cese. Pero los intereses de todo tipo en el entorno de Maradona han conseguido que la decisión se tome tras un larguísimo mes de declaraciones, estrategias y voluntades políticas.
Pese a un principio ilusionante en el Mundial, lo cierto es que el equipo argentino farcasó y fue ampliamente superado por el primer equipo con mayúsculas al que se enfrentó. Y está claro que contando con los servicios de Messi, de Higuaín, de Milito, de Mascherano o de Samuel por citar sólo algunos, sólo un despropósito táctico podía causar el desastre que se produjo ante Alemania.
Y el despropósito táctico ya es bien conocido por todos. Un sistema en el que el centro del campo, campo de batalla de las guerras futbolísticas del presente y del futuro, no existía salvo por la solitaria presencia de Mascherano, y las posibilidades de victoria eran encomendadas a la inspiración individual de los atacantes. El poblado centro del campo germánico arrasó con Argentina y Thomas Müller dejó en evidencia a Nicolás Otamendi, apuesta personal del “Pelusa” para el Mundial.
En aquel momento, era el momento adecuado para su salida como seleccionador de la forma más digna.